ejercicios de escritura y esquizofrenia a las 7:30 de la mañana.

martes, diciembre 18

Tres

4. Diálogo (primer intento)

Siguieron al maître d'hôtel hasta la mesa reservada, y mientras él escogía el vino para esa tarde, ella sin apartar la vista del menú comenzó la conversación.

-¿Tienes algún compromiso importante en dos meses?
-No sé, ya sabes que es muy probable.
-Probable no me sirve. Revisa tu agenda, anda.

No tenía que verla para saber que sonreía burlonamente mientras sacaba el aparato del saco. Hasta ahora sólo tenía dos conferencias en España a principios de mes. Se lo dijo y ella asintió con la cabeza.

-Me parece bien, entonces.
-¿Qué tienes planeado?
-Algo que no puedes perderte.
-¿Qué esta vez?
-Mi funeral.

Llegó el mesero y él pidió una botella de Château ducRu-Beaucaillou, y un poco más de tiempo para ordenar.

-¿Va a ser en agosto, entonces?
-Después del 18, no quiero arruinar tu fiesta de cumpleaños.
-Si es el 19 podríamos aprovechar y contratar el mariachi para los dos eventos. Primero tocan en la casa y después, al día siguiente, los llevamos al cementerio. Nos harían un descuento.

La vio considerándolo un minuto. Nunca se perdía una oferta, iba en contra de su naturaleza.

-No.
-¿Por qué no? ¿Ya no quieres mariachis?
-No te hagas el brillante. Ya sabes que sí. Mariachis, banda, arreglos de flores que no quepan por la puerta y media docena de plañideras que se arranquen los pelos y lloren sobre mi ataúd. Lo que no quiero es compartir mi público contigo.
-No va a ser el mismo día.
-No, pero ya veo llegando medio develados a unos y a otros tantos quedándose en casa por la resaca del día anterior.
-Nadie se atrevería a perderse tu funeral.
-Ése es el plan, pero no pienso arriesgarme por un estúpido error de estrategia. Además tienes el suficiente dinero para pagarme un mariachi decente sin tener que pedir descuento.
-Cierto.
-Entonces no te pongas tacaño. El acuerdo era que iba a tener un funeral de antología, y un funeral de antología voy a tener.
-¿Te parece el 22, entonces? Es un jueves, un buen día para morir. O al menos así lo pensaba Vallejo.
-Jueves 22 de agosto, dijo clavando la mirada en un día invisible que sólo existía en su cabeza. Me gusta el día, Andrés, me gusta. Se verá bien sobre la lápida. Programemos todo para esa fecha.

El mesero volvió para abrir la botella y servir sus copas. Preguntó si ya estaban listos para ordenar, y los dos respondieron afirmativamente. Mientras tomaban la orden de ella, él anotaba para el día 22/08 en su agenda: 7:00 a.m.- 10 p.m. Funeral de Lucía. Si todo salía bien ese día después del entierro incluso tendrían tiempo para ir a cenar.

el café de otras mañanas

sin salida de emergencia